lunes, 2 de mayo de 2016

Una mirada al futuro

En estos días en que tanto se habla de innovación y del futuro es fácil caer en la tentación de la especulación ociosa y sin argumentos. A ratos no está mal, pero cuando se trata de pensar y organizar nuestro propio futuro, el futuro de las instituciones educativas, más vale hacerlo con elementos.

Hoy que la educación superior (la educación universitaria) enfrenta grandes retos, conviene que observemos y analicemos esos fenómenos desde educación básica. ¿Por qué? Encuentro al menos una razón suficientemente importante: los cambios en las universidades vienen impulsados por tendencias en el mundo laboral, en una cadena de arriba hacia abajo; si en las bases nos aferramos a estructuras del pasado, nuestros niños tendrán mañana enormes dificultades para encajar en un mundo que les resultará extraño y en al cual no será sencillo adaptarse con herramientas añejas.

Material para reflexionar y explorar las vertientes que está tomando la Educación Superior hay muchas. En estos días he leído artículos publicados casualmente (¿casualmente?) en días recientes sobre el tema. Algunos intentan dar razones para que las universidades se orienten más hacia el futuro; por ejemplo este publicado en Inside Higher EdWhy Higher Education Need to Be More Future-Focused (Por qué la educación superior debe estar más enfocada en el futuro).

Hoy muchas industrias enfrentan disrupciones que cuestionan lo que tradicionalmente las sostenía (ahí están los multicitados ejemplos de Uber en lo relativo a transporte y Airbnb en hospedajes). Este artículo publicado en University Business explora el tema: Higher ed disruption underway - don't get caught off-guard (La disrupción en educación superior está en curso - que no te tome desprevenido).

Esta tendencia se presenta a través de algunos ejemplos en este artículo publicado en el diario español El País: Universidades disruptivas, así se enseña fuera de lo convencional.

Algunas voces más radicales -al menos desde la perspectiva de quien defiende la persistencia de la Universidad- hablan de la desaparición de los grados universitarios tal y como los conocemos. Un ejemplo de esa visión la plantea Jeffrey J. Selingo en este artículo publicado en Winona Daily News: The four-year degree is dying - but there are innovative ideas (El grado tradicional de cuatro años está muriendo - pero hat ideas innovadoras).

En el marco de estas innovaciones, algunos han hecho notar que muchas de las universidades más célebres del mundo conservan prácticas tradicionales en sus modelos educativos. ¿Por qué sucede? El investigador Eduardo Andere explora una hipótesis en este artículo publicado en el portal mexicano Educación Futura: ¿Por qué las mejores universidades del mundo no enseñan por competencias? (El texto de Andere puede resultar provocador, sobre todo para quienes estamos en Básica o Media Superior, sin embargo creo que pone en acento en un asunto muchas veces olvidado por los docentes: el peso de la motivación. Me parece que ahí se abre una veta que debemos analizar con urgencia: ninguna de nuestras estrategias innovadoras resultará realmente efectiva si el alumno no desea aprender.)

Si sientes que la educación superior está muy lejos de tu territorio, te invito al menos a leer este artículo publicado en Quartz que habla de la educación básica: Schools are finally teaching what kids need to be successful in life (Las escuelas finalmente están enseñando lo que los chicos necesitan para ser exitosos en la vida).

No planteo que compremos sin cuestionar lo que plantean estos artículos: sugiero que a partir de estas (y otras) exploraciones, identifiquemos lo que buscamos y las estrategias que podemos implementar a fin de contribuir para que nuestros estudiantes de hoy cuenten con las herramientas necesarias para abordar con logros y felicidad su vida en el futuro.

lunes, 27 de abril de 2015

Educar en la Aldea Global

(Texto elaborado para el editorial de la publicación institucional Exploradores Monclair, Mayo-Junio 2015)

Educar es una tarea de construcción permanente, inagotable. Se dice con frecuencia que es una misión que corresponde de forma esencial a los padres, a la familia; sin embargo, es evidente que en una sociedad compleja y diversa esa tarea sucede también a través de otras instituciones, formales e informales. Es conocido un adagio africano según el cual para educar a un niño es necesaria una aldea entera. En el contexto “occidental”, donde el individualismo alcanza casi todas las dimensiones de la vida, la idea de una aldea que educa puede sonar incómoda, pero valdría la pena reflexionar sobre sus implicaciones: no educamos solos, aislados.

Hoy vivimos en una compleja aldea global. Quizá siempre lo hemos estado en cierta medida, pero nunca antes había resultado tan evidente. Antes compartíamos un planeta, un medio natural, sin ser plenamente conscientes de las repercusiones que podía tener una acción en el resto del globo. Hoy la tecnología nos conecta y hace evidente que ningún acontecimiento esté aislado, todo repercute en otro lado, queramos o no. Compartimos ya no solo el aire que respiramos o el sol que nos alumbra: fluyen entre nosotros ideas, cultura, creencias.

La aldea en la que educamos hoy es mucho más compleja y educar juntos es un reto que demanda mayor conciencia. Creer que educamos solos al interior de nuestra familia puede resultar más fácil, pues por momentos parece que todo está bajo nuestro control. Pero tarde o temprano salimos a las calles o encendemos una computadora y el resto de la aldea se manifiesta.

Educar en nuestra aldea global demanda colaboración, reconocimiento de la diversidad, arraigo de las convicciones personales en un marco de respeto a los derechos universales. Cada familia procurará transmitir su propia cultura, pero no va sola en esta aventura: necesita encontrar en otros –en la escuela, por ejemplo– aliados con los cuales colaborar para lograr que sus hijos encuentren cada día mejores formas de estar en el mundo, para ellos mismos y para los otros.

jueves, 23 de abril de 2015

Encontrar el rumbo

Los tiempos electorales (que por momentos parece que son permanentes, perpetuos) hace que ciertos temas se manoseen hasta el cansancio. Y la educación es uno de los favoritos, por supuesto. Todos apuestan a la educación como la clave para salvarnos de todos los males posibles. No es ocioso ni casual, lo sé; el problema es que no veo que se tome en serio.

Hace un par de años se celebró con bombo y platillo - festejo que desde entonces no se detiene-, una nueva "reforma educativa". ¿Qué hemos logrado desde entonces a nivel Sistema Educativo? El señor secretario del sector pide que no esperemos soluciones inmediatas; tiene sentido, pero algo debería estarse moviendo, ¿no?

En fechas recientes diversos especialistas en el tema educativo han expuesto sus valoraciones sobre los logros y fracasos de la reforma educativa hasta el momento -más los segundos que los primeros, sin duda-. Comparto aquí algunas de esas reflexiones que conviene analizar para comprender por qué la reforma de este gobierno ha sido insuficiente. Me parece especialmente pertinente el señalamiento que hace Manuel Gil en esta nota del portal Educación Futura, cuando destaca que esta reforma carece de propuesta pedagógica o modelo educativo. Ayuda también mirar el asunto desde la posición de Pablo Velázquez, de Mexicanos Primero, que en este artículo subraya la necesidad de transformar y no solo administrar el sistema educativo.

Para completar la foto, recientemente el INEE presentó un informe sobre el cual hasta ahora solo he leído resúmenes y notas periodísticas. A través de esas referencias, creo que se trata de un documento indispensable para evaluar el estado que guarda la nación -dirían los clásicos- en materia educativa. El informe puede consultarse y descargarse aquí

La pregunta espera -urgentemente- nuestra respuesta e iniciativas. ¿Qué podemos hacer desde nuestras trincheras, desde nuestra escuela, desde nuestras aulas, para darle rumbo a un país que reclama con urgencia auténtica calidad educativa, una formación digna para sus niños y adolescentes?

viernes, 28 de noviembre de 2014

Charles Leadbeater en México (2012)

Una charla sobre la necesidad de innovar en educación.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Hablar sobre Ayotzinapa con nuestros niños y adolescentes

Hace unos días me sacudió encontrarme esta imagen en Twitter:


Después me topé con esta convocatoria, compartida por mi madre en una de sus redes sociales:


De inmediato me pregunté: ¿cómo estamos abordando en la escuela las crisis que atraviesa México? Nos guste o no, creamos o no en nuestros gobernantes, es innegable que estamos en un momento difícil para el país y considero que es obligación de las escuelas abordar dicha realidad. No adoctrinando, por supuesto, ni en una dirección ni en otra: despertando la conciencia, formando una mirada crítica ante los discursos oficiales y los mensajes de los medios de comunicación. Quienes creemos en la función transformadora de la educación, quienes creemos en la educación como vía para la toma de conciencia y el desarrollo del pensamiento crítico, deberíamos buscar que esto fuese claramente palpable en nuestras escuelas.

Abordar esto no es fácil, por supuesto, y tampoco tendría que ser igual en cualquier nivel educativo. Propongo algunas pautas al respecto.

En primer lugar, considero que no nos toca como escuela asumir una postura política que tome partido a favor o en contra del gobierno. Esto significa no caer en el adoctrinamiento, pero no significa negar la realidad y no tocar el tema. Es importante, naturalmente, intervenir de acuerdo con el nivel y la necesidad de los propios alumnos.

Con los más pequeños no creo que el asunto deba plantearse como parte de la agenda del maestro, pero sí es importante estar atentos a reacciones o preguntas que los niños pudieran hacernos al respecto. La forma de abordar al fondo el tema es una decisión familiar, por lo que conviene ser prudentes, especialmente con los chicos de preescolar y primaria. Ojo: no significa que escondamos las cosas, creo que eso no es razonable; simplemente sugiero no profundizar con los pequeños en las posturas ideológicas; lo que sí creo razonable con ellos es abordar la dimensión humana.

En secundaria y preparatoria sin duda resulta pertinente que el tema sí sea abordado con una orientación más abierta hacia la defensa de los derechos humanos, a la toma de conciencia y al análisis crítico de la realidad. Con ellos es pertinente explorar diferentes puntos de vista, abordar los argumentos de las partes en conflicto y colocar los derechos humanos como valores supremos al enfrentar las dimensiones más álgidas del conflicto.

Para completar estas ideas y aterrizar incluso algunas propuestas más concretas, comparto un artículo escrito por Soren García Ascot y Adriana Segovia para el portal de Animal Político. También les dejo el audio de una entrevista que dieron estas chicas a un programa de radio.

Sé bien que el tema puede ser polémico. Los invito a compartir ideas y reflexionar juntos sobre ello.


Artículo: ¿Cómo hablarle a los niños sobre Ayotzinapa?, por Soren García Ascot y Adriana Segovia

Audio: Entrevista a las autoras del artículo en el programa Así las cosas, de WRadio

lunes, 14 de julio de 2014

¿Padecer la realidad o transformarla?

Un año más. Muchas emociones. La conciencia ineludible de la enorme responsabilidad que tenemos como educadores. Comparto con ustedes el mensaje que dirigí esta mañana a los alumnos que concluyeron 3º de Secundaria en el Colegio que encabezo.


Se han preguntado: ¿de qué les ha servido venir a la escuela durante más de 10 años continuos? ¿Por qué tendrían que seguir asistiendo otros tres años por lo menos, y completar la educación obligatoria?

Algunos dirán que deben prepararse para la vida, para salir al mundo, para conseguir un trabajo, para ganar dinero. Algunos piensan que vamos a la escuela para que nos enseñen cómo deben ser las cosas, para que nos digan lo que debemos saber, cómo debemos actuar.

En Monclair  no creemos eso. En Monclair pensamos que nuestro trabajo es empujarlos para preguntarse por lo que funciona y lo que no; moverlos a imaginar nuevas maneras de hacer las cosas; ayudarles a encontrar herramientas para transformar el mundo.

Quizá algunos se pregunten: “¿Por qué habría que transformar el mundo? ¿No está bien como está?”

Vivimos un mundo de contrastes.

Hace mucho tiempo que el entusiasmo, el crecimiento, la alegría y las celebraciones, conviven todos los días con el dolor y la injusticia.

Cuando ustedes nacían, el escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió un libro que muestra crudamente estos contrastes. El libro se llama: Patas Arriba, la escuela del mundo al revés. En las primeras páginas nos dice:

“En el mundo al revés, quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. (…) El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa. (…) El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo.”

Mientras millones de personas observan la televisión y celebran un mundial de futbol, mientras la selección y el pueblo alemán festejan su campeonato, el pueblo palestino en medio oriente vive horas oscuras, bajo los bombardeos israelíes.

¿Les parece que eso está muy lejos? Vamos más cerca…

Mientras unos cuantos se pueden dar el lujo de pasear e ir de compras a Altacia, creyendo que es el lugar más bonito de León, miles pasan horas de angustia pensando cómo sacar el mayor provecho a unas cuantas monedas que cada día les alcanzan para menos.

¡Y todavía hay quien piensa que los pobres son pobres porque no le echan ganas, porque no se esfuerzan suficiente!

No nos detenemos a pensar que buena parte de la pobreza es producto de la injusticia: que mientras unos cuantos se reparten el pastel, otros no alcanzan ni las migajas.

Lo más triste, es que además algunos quieren enseñarnos que debemos convertirnos en los que sacan las rebanadas más grandes, cuando deberíamos aprender a preparar juntos pasteles que puedan alcanzar para todos.

En unas semanas estarán ingresando al bachillerato: un nivel que representa la conclusión de su educación obligatoria y al mismo tiempo establece las bases para la construcción de su proyecto de vida adulta.

Les queda mucho por aprender, mucho por cuestionar, mucho por descubrir. En ese camino, no renuncien al regalo más preciado que tienen: su libertad. No actúen porque el instructivo lo dice, o porque la mayoría lo hace, o porque Google o un algoritmo informático les dicen que eso es lo que les conviene.

Tomen decisiones haciendo uso de su libertad y asumiendo conscientemente la responsabilidad que esa libertad les exige.

Los invito a tomar el consejo de Galeano: no permitan que les enseñen a padecer la realidad, atrévanse a cambiarla; escuchen el pasado e imaginen el futuro.

Otro uruguayo, el poeta Mario Benedetti, se preguntaba qué les quedaba por vivir y probar a los jóvenes en un mundo de rutinas, ruina, consumo y humo.

Y se respondía… Les queda…

no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros

tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente.

domingo, 15 de junio de 2014

Sobre los monopolios en la gestión de contenidos escolares

Con alarmante velocidad, en los últimos años se han empezado a difundir “programas integrales” para promover en las escuelas un mayor aprovechamiento de los entornos digitales con fines educativos. Estos programas ofrecen programaciones y contenidos que ya antes eran gestionados a través de materiales impresos y que ahora suman “la riqueza” de las tecnologías digitales. Tanto instituciones públicas como privadas en México han recibido con entusiasmo esta nueva oferta de servicios comercializados con la consigna de “facilitar” el trabajo al docente y “enganchar” a los alumnos con contenidos atractivos y entretenidos. Si bien las tecnologías digitales se presentan como potenciales vehículos para la creación y gestión plural de ideas, la amplia aceptación de estos programas educativos pone sobre la mesa el riesgo de desperdiciar ese potencial democrático en favor de una administración centralizada de contenidos.  

Aunque aparentemente no tiene relación, el párrafo está tomado de una ponencia que presenté en enero de 2013 sobre la comunidad de indagación filosófica en la escuela y los entornos digitales. Lo recupero con la intención de desarrollar con más serenidad esta idea que describe lo que es cada día una moda más arraigada.

sábado, 7 de junio de 2014

Reclamo de un aspirante a lector hacia sus maestros

Usualmente la gente recuerda a sus maestros por lo que hicieron. Bueno o malo, eso que nuestros maestros hicieron suele traducirse en agradecimiento o en reclamo. Yo, con mis problemas para evocar el pasado, cada vez me relaciono más con mis antiguos maestros por lo que dejaron de hacer. Hay muchas perspectivas desde las que podría explicar esta vinculación con mi pasado de estudiante, pero quizá la que me resulta más accesible es mi formación como lector. Y es que una de las cosas que más lamento de mi larga escolaridad, es que mis maestros no hayan sabido inspirarme con más fuerza la vocación literaria.

De los 6 a los 23 años, solo identifico 5 profesores que abrieron para mí alguna ventana al infinito mundo de la literatura. Juan, en el primer año de primaria, apostó en mí por la poesía y algo dejó sembrado desde entonces. Pasaron los años y fue hasta sexto grado que apareció Ventura con el reto de los libros mensuales; fue él quien, contando con la firma de mi padre de por medio, me autorizó para leer El hombre invisible, de H.G. Wells, a los doce años. En secundaria solo hubo un maestro con la visión de hacer de sus pupilos lectores en el futuro: era su apellido era Pelcastre —el nombre se me escapa en la nube del pasado—; a él debo la invitación a leer las Crónicas Marcianas de Bradbury, libro que desde entonces me acompaña como uno de mis grandes favoritos. El bachillerato representó un periodo de tres años perdidos en la materia, que se salvan curiosamente por Claudio Pita, mi maestro de Cálculo, a quien admiraba yo tanto que solo por verle un día llevando bajo el brazo el entonces recién publicado Del amor y otros demonios, me animó a adentrarme en el realismo mágico de un García Márquez que, por más diluido que estuviera por la fama posterior al Nobel y las grandes obras iniciales, me pareció fascinante. Llegaron los años universitarios y la tabla de salvación fue una materia que parecía parche en el plan de estudios de la carrera de comunicación: Textos Latinoamericanos Contemporáneos. Ahí fue mi maestro Juan Antonio quien me llevó a descubrir la que a la fecha sigue siendo quizá mi obra literaria favorita: El túnel, de Ernesto Sabato.

Cinco maestros en diecisiete años de escuela. No cuento a una maestra de Redacción que ya en la maestría me hizo leer por primera vez Las batallas en el desierto, porque para entonces mi suerte ya estaba echada: me había dado cuenta que era yo quien tenía que forjarme como lector a pesar de la nula inspiración de mis maestros.

Hoy, cuando me acerco a cumplir cuatro décadas de vida, lamento, por ejemplo, no haber leído aún las grandes novelas rusas o no haberme dado la oportunidad de comprobar yo mismo si leer a Vargas Llosa merece o no la pena, por citar un par de ejemplos de aquella literatura que se supone uno debe conocer en algún momento gracias a la escuela.

Sé que contra el lector promedio que retratan las estadísticas, se me podría considerar un sólido lector. Lo cierto es que poco tuvieron que ver mis maestros, mucho influyó naturalmente mi familia y algo ha contado en ello mi adicción por devorar el mundo. Quizá por eso el reclamo a mis maestros es mayor; hubiese bastado un poco más de rigor, un poco más de inspiración, un poco más de provocación, un poco más de ejemplo, para que hoy no me sintiera abrumado por tantas lecturas pendientes, tantas lecturas que —de haber tenido el pretexto en su momento— estarían palomeadas ya en mi lista.

Con el tiempo las circunstancias me convirtieron en maestro de lengua y literatura. Dolorosamente, quizá por falta de ejemplos a seguir o posiblemente por mi falta de visión e impericia, creo que cometí varias veces los mismos errores de mis maestros. Consciente de mi reclamo y de mi ilusión por haber encontrado años atrás un poco más de inspiración, intenté varias veces sembrar en mis alumnos el acercamiento a las letras o al menos que perdieran el miedo a ellas, para algún día, cuando les llegase su momento, ellos mismos se dieran la oportunidad de perderse en ellas. De vez en cuando he encontrado evidencia de que al menos en alguno de ellos mi ilusión logró materializarse. Eso me alegra. Por desgracia, no puedo quitar de mi mente que pude haber hecho más. E incluso entonces el resentimiento se dirige a mis maestros de aquellos años, y entonces me aterra pensar que el mal sea hereditario y algún día dejaremos todos de leer.

Afortunadamente miro las repisas de mi estudio y encuentro algo de consuelo. A veces basta el gesto involuntario de alguien como mi maestro de cálculo o la provocación sutil de alguien como mi maestro de español en segundo de secundaria, para que opere el milagro. Incluso si en las escuelas se deja de leer, hoy tenemos medios fascinantes para resurgir de las cenizas de unos cuantos lectores con ganas de contagiar.

Posdata. Solo por dejar claro lo evidente, acerca de las listas de lecturas pendientes, sé bien que nunca es tarde mientras haya vida. 

viernes, 20 de diciembre de 2013

Adiós a una prueba que nunca debió existir

Nunca cuestionaría yo los motivos que oficialmente dieron origen a la Evaluación Nacional de Logro Académico en Centros Escolares, popularmente conocida como ENLACE. Desde que apareció, en 2006, no tuve claro qué se habían tomado más en serio: si el diseño mismo de la prueba o la necesidad de lograr un acrónimo tan redondo para nombrarla.

Insisto: los motivos no eran solo legítimos, sino urgentes. El principal: elevar los niveles de logro en el aprendizaje de los estudiantes. El problema no fue solo que la prueba nació deforme y mal planteada, sino que jamás se implementaron verdaderas estrategias en las bases y estructuras del sistema educativo para que la prueba tuviera algún sentido.

Cierto que los instrumentos de ENLACE tuvieron mejorías con el paso de los años, pero nunca dejó de ser una prueba que medía conocimientos, la mayoría de ellos en el marco de una tradición de aprendizajes que en gran parte del mundo ha sido ampliamente superada. ENLACE pretendía contribuir a mejorar los resultados de nuestros adolescentes en la conocida prueba PISA de la OCDE, sin embargo esta última mide algo totalmente distinto: competencias lingüísticas, matemáticas y científicas que van mucho más allá de unos cuantos saberes técnicos o mecánicos. ¿Qué mejor evidencia del fracaso de ENLACE en este objetivo, que el más reciente informe PISA, donde México hace gala de un profundo estancamiento a lo largo de más de una década?

Durante 8 años he debatido con amigos sobre la excesiva importancia que a mi juicio la gente otorga a los resultados de ENLACE. He discutido con colegas que presumen que sus niños, sus grupos o sus escuelas están entre los mejor ubicados en una lista o ranking que oficialmente ya no existe y que aunque se construya con los datos de la propia SEP, nunca serán suficientemente legítimos ni comparables.

Durante mucho tiempo —y especialmente en los últimos 5 años— he intentado explicar a padres de familia de mis alumnos por qué nuestro Colegio no estuvo ni pretendió estar nunca en los mejores puntajes de la ahora extinta prueba. A mi juicio, dedicar energía a lograr escalar en una medición tan mal planteada, no es sino pérdida de tiempo y recursos. Los aceptables resultados promedio de los alumnos del Colegio que dirijo, no me han avergonzado jamás; por el contrario, celebro que lo que han logrado es producto natural de trabajar en otra dirección: el pensamiento complejo, el razonamiento verbal, matemático, científico y filosófico que en el futuro les permitirá tomar decisiones autónomas y enfrentar los retos del mundo con suficientes herramientas.

La buena noticia es que ENLACE desaparece para 2014. Lástima por los millones de pesos tirados a la basura y, sobre todo, por las largas horas que millones de niños en el país dedicaron entrenándose para una prueba con la que sus maestros y escuelas se jugaban recursos públicos o con la que los directivos de colegios privados armaban lamentables estrategias de mercadotecnia.

La mala noticia, es que nada nos garantiza que la prueba que venga a sustituir a ENLACE corregirá ese rumbo. Por supuesto, deseo firmemente que así sea. Soy escéptico por motivos políticos y pedagógicos. Entre los primeros, porque no he visto en ninguna de las iniciativas de la Reforma Educativa una auténtica convicción de querer mejorar la educación; por el contrario, encuentro en la política educativa de este sexenio una obsesión por la dimensión sindical y laboral, que no pasa realmente por la manera en que se enseña y se aprende en este país.

En cuanto a mis motivos pedagógicos, el central es mi firme creencia en la incompatibilidad profunda entre la educación auténtica y la evaluación estandarizada. Me queda claro que esta última es necesaria en el mundo que tenemos. Y, precisamente por eso, creo que no encaja con una educación que debería estar orientada a transformar ese mundo de raíz.

Por el momento, me queda esperar y en su momento decidir cómo trabajaremos con lo que nos pongan enfrente.

martes, 3 de diciembre de 2013

Un nuevo acto en nuestra tragedia educativa

La tragedia educativa de México regresa a los titulares como cada 3 años, a propósito de la publicación de los resultados de PISA. Como cada 3 años, asistimos a un nuevo acto en el que muchos se lamentan por los paupérrimos indicadores que otros celebran como parte del consistente avance de nuestros sistema educativo. Y, como cada 3 años, lejos de entrar al análisis profundo de las causas de nuestro rezago, medios y ciudadanos se concentran en buscar culpables y pasar facturas. Para colmo de males, el calendario de la OCDE para la aplicación de su prueba estrella en materia educativa, coincide con nuestro calendario de elecciones federales, facilitando que unos y otros se señalen y pocos se pongan a trabajar.

Revisando hace unos minutos las metas que el gobierno mexicano se había puesto para la aplicación de PISA 2012, encuentro que los malos resultados están (casi) a la altura de lo planeado. Claro: las metas formuladas eran congruentes con la estadística previa, a tal grado que uno esperaría se alcanzaran casi por inercia. Y ni así. En lectura descendimos un punto y nos colocamos 11 atrás de la mediocre meta de 435 que nos habíamos propuesto. Pese a la manera en que algunos han interpretado los números, en Matemáticas retrocedimos 6 puntos y nos quedamos 22 por debajo de la misma meta. (Ocurre que 2003 fue la última vez que la PISA había puesto énfasis en Matemáticas, por eso hoy muchos dicen que "aumentamos de 385 a 435").

Fuente: http://www.pisa.sep.gob.mx/pisa_en_mexico.html Consultado el 3/12/2013

Siguiendo la tradición de cada 3 años, es momento de preguntarnos —otra vez— sobre las causas y las políticas que podrían hacer que nuestros niveles mejoren.

Al margen de las imperfecciones y algunos aspectos discutibles de PISA, el estancamiento del país en esta prueba demuestra que ENLACE ha sido una prueba inútil hasta ahora. Por más mejoras que se han hecho a la prueba ENLACE, sigue siendo un examen muy limitado cuya lógica de operación favorece la simulación, insertando a las escuelas en una lógica de competitividad mal entendida, en la que los resultados numéricos son más importantes que los aprendizajes reales. Como Director de una escuela, cada año cuando se publican los resultados de ENLACE, recibo muchos comentarios de padres de familia con inquietudes sobre nuestros "resultados". Los entiendo: los medios locales adoran elaborar listas para decir quiénes son los mejores y quiénes los patitas feos. Pocos se involucran con el contenido de la prueba y con los aspectos que auténticamente mide o con las prácticas de simulación que esta prueba premia. ¿Significa esto que ENLACE no sirve para nada? ¡No! Significa que nos sirve para lo que nos han dicho y no mide lo que nos dicen que mide.

Lo más dramático, es que la coyuntura que atraviesa México es ideal para negarnos a cualquier posibilidad de análisis profundo del problema, y celebrar que la reciente "reforma educativa" —a la que no me cansaré de entrecomillar— vendrá a resolver las cosas. Basta escuchar la propaganda con la que alegremente nos bombardea el gobierno federal, para convencerse de las bondades de la "reforma", a grado tal que oponerse a ella es casi sinónimo de ser un enemigo de la educación.

Para muestra este botón, en el que una madre de familia presenta un silogismo formidable:
"Si la reforma educativa nos dará como beneficio el tener mejores maestros, mejores instalaciones, condiciones de educación (sic), maestros contentos, maestros dedicados, estoy con la reforma." 


Y es que, bajo esos supuestos, ¿quién no estaría con la reforma? El problema es que ese condicional ("Si la reforma educativa nos dará..."), es tan poderoso como cualquier otro ("Si mi abuelita tuviera ruedas..."). La cuestión es: ¿realmente la "reforma" establece términos y condiciones que garanticen todos esos resultados? Yo me la he leído al derecho y al revés y sigo sin encontrar cómo.

Creo que nadie en su sano juicio podría declararse en contra de la calidad en educación. Sin embargo, cada vez que escucho en el radio a este maestro de historia, me empieza un dolor en el alma y termino con un dolor de cabeza, preámbulo del enojo. 


Me enfurece pensar que tantos estén convencidos del poder mágico de una "reforma educativa" que difícilmente responderá a los retos urgentes de nuestros niños y adolescentes. Me enfurece porque yo, como este maestro, también quiero un cambio, tengo un firme compromiso con México y quiero que el día de mañana mis hijos tengan una educación de calidad. Me pregunto, ¿este maestro conoce a cabalidad el contenido de la "reforma"? ¿Se da cuenta que se trata de una "reforma" edulcorada, que responde solo en apariencia a las grandes demandas de nuestra sociedad pues carece de las estructuras necesarias para dar resultados? 

Lo he dicho una y mil veces: no me opongo a la "reforma". Simplemente lamento que no contemos con la reforma que necesitamos y me enoja que nos hagan creer que hemos encontrado el camino, cuando ni siquiera tenemos claro el destino del viaje.

En estos días estará de moda —otra vez— hablar de educación. Los resultados generales de PISA nos convertirán a todos en expertos en la materia por un rato. Pocos irán a revisar completo el Informe PISA 2012 —son 4 volúmenes, de los cuales ya descargué 3 que suman 1,400 páginas. Pero bastaría con una lectura crítica del documento de revisión general, acompañado del informe Education at a Glance 2013 (otros 400 folios) de la propia OCDE, para comprender la complejidad de la criatura con la que estamos lidiando y la urgencia de ponernos todos manos a la obra, porque en esto nos jugamos el presente y el futuro del país.

Me dirán algunos que critique menos y proponga más. Y les respondo que eso hago todos los días en mi trinchera. Una trinchera que quisiera a veces ampliar y es quizá por eso que me invade este impulso desesperado por compartir estos razonamientos en estos medios que pueden llegar más allá de mi escuela. Comparto mi crítica porque pienso que solo es posible dar el siguiente paso asumiendo primero una actitud así, dispuesta a desmontar el discurso fácil que —algunos de mala fe y otros con una dolorosa ingenuidad— nos intentan vender a diario.