lunes, 16 de marzo de 2009

¿De qué se trata?

Un viejo debate en educación habla de si nuestra tarea es preparar a los que vienen para poder adaptarse al mundo que tenemos y responder según los sistemas que hemos venido construyendo, o si más bien nos toca darles herramientas para ser autónomos y poder transformar lo que hay; en pocas palabras, si se trata de formar reproductores o transformadores; seres esclavos o personas libres.

Como en tantas otras cosas, me queda claro que lo ideal parece ser un poco de equilibrio. Pero la realidad, los hechos, arrojan suficientes evidencias de que la balanza se inclina con fuerza de lado de la educación como preparación para insertarnos en un mundo como si fuese cosa acabada: un mundo donde la democracia pareciera haber probado ser el sistema incuestionable y el capitalismo la fórmula única; un sistema donde no es cosa más que de llegar a insertarse a un trabajo que pague bien y dedicarse a crecer hasta más no poder; una estructura donde reina el yo y donde la competencia es no sólo necesaria sino indispensable e incuestionable, donde esa competencia parece no tener implicaciones morales. 

La semana pasada pude ver ese debate a nivel micro, de cara a un par de proyectos que estamos llevando a cabo en nivel pre-escolar: la tensión entre un equipo de educadoras buscando desarrollar mentes creativas y sembrar una dosis de autonomía en los niños, y una estructura acostumbrada a promover niños que bailan y cantan al compás que les marcamos y colorean figuras que distribuimos entre ellos asignando el color que corresponde a cada elemento.

Salí de una de esas "clases abiertas" —que más que clases son espectáculos montados para el goce y la presunción de maestras, directivos y padres— en las que los niños repiten unos diálogos que se han montado por años y gritan a todo pulmón canciones ñoñas. Al final, no pude evitar decirle a algunos colegas: "¿De eso se trata nuestro trabajo? ¡El mismo numerito podemos armarlo con loros, chimpancés o leones marinos!"

viernes, 20 de febrero de 2009

Valores, diversidad, equidad (II)

En diversas direcciones y a partir de distintos pretextos o diagnósticos, la constante es la inminente necesidad de un cambio. ¿Hacia dónde? Ahí los caminos se dividen, las alternativas se diversifican. Parece innegable que la escuela que tenemos hoy, el modelo de educación con el que venimos trabajando, se ha agotado. O al menos resulta claramente insuficiente. 

Las conferencias de la Semana ORT 2009 a las que tuve oportunidad de asistir, pusieron sobre la mesa algunas reflexiones sobre distintos ámbitos en los que esta transformación debería operar. Pero, en todos los casos, es evidente que no existen las recetas mágicas. Curiosamente, los mismos maestros que cuando somos cuestionados sobre diversos temas nos negamos a ofrecer manuales para la solución de los problemas que se nos plantean, aquí parecíamos exigir esas mismas soluciones instantáneas. Y, ya por demagogia, ya por ignorancia, o ya por absoluta congruencia, los ponentes dejaron claro que no cuentan con semejantes respuestas.

Lo cierto es que cada ponencia funcionó como un oportuno detonador para reflexionar en alguna dirección y explorar posibilidades. La educación financiera, el uso de la tecnología, el impacto de una globalización carente de proyecto, el papel de la diversidad, las paradojas de la educación en valores... Si bien los asistentes no salimos necesariamente con trayectos marcados, tuvimos oportunidad de vislumbrar una que otra chispa, uno que otro hilo para comenzar a desmenuzar y tejer. 

Gordon Dryden presentó sus claves para "desbloquear" lo que llama la nueva revolución del aprendizaje, regida por los impactos y retos de la Web 2.0. Estas ideas aparecen en su más reciente libro, Unlimited. Sus planteamientos fundamentales pueden revisarse aquí. Como es de esperarse, caí y compré el dichoso libro, que ya está en mi lista de espera. Una vez que me enfrente a él, seguramente volveré aquí con algunas divagaciones al respecto.

Arturo Cherbowski y Moisés Salinas protagonizaron un interesante mano a mano, debatiendo a partir de algunos clichés o lugares comunes que solemos escuchar acerca de la llamada "educación en valores". Por momentos más identificado con uno que con otros, con ambos llegué a coincidir, aunque también con los dos identifico importantes discrepancias. Quizá lo más rico del ejercicio fue comprobar cómo el diálogo es clave en la generación de conocimiento; una herramienta fundamental cuando se trata de construir.

Entre mis anotaciones para exploraciones futuras recupero, por ejemplo, la posibilidad planteada por Cherbowski de identificar como función del docente —en el ámbito de los valores— el plantear a los estudiantes la complejidad de los sistemas morales del mundo en que vivimos, o el llamado de alerta lanzado por Salinas para reconocer que los modelos de enseñanza que utilizamos llevan implícitos ciertos valores, que no conviene pasar por alto.

Las cerezas del paste fueron sin duda las charlas de los dos premios Nobel de la Paz, Frederick W. de Klerk y Lech Walesa, ex-presidentes de Sudáfrica y Polonia, respectivamente, que jugaron en su momento papeles fundamentales para la transformación del mundo que hoy habitamos. El primero, pieza clave en la desaparición de las medidas relacionadas con el apartheid; el segundo, detonador en el proceso de derrumbamiento del bloque comunista. 

De Klerk exploró con la audiencia el tema de la diversidad, compartiendo con su extraordinario carisma la experiencia sudafricana y el papel esencial que jugó el tema educativo en el proceso —aún inconcluso en ciertos aspectos— de establecimiento de un sistema más equitativo en su patria. Por su parte, Walesa, con serenidad y contundencia, nos invitó a reflexionar sobre la falta de un contrapeso al capitalismo desenfrenado que nos rige y llamó la atención sobre las posibilidades de un mundo globalizado que aún no define su proyecto ni las estructuras sobre las que ha de moverse, dejando claro que en su perspectiva es necesario un modelo trazado sobre una base solidaria regida por un núcleo esencial de valores compartidos, en la que cada individuo es responsable de sus actos y responsable de los demás, con quienes tiene un compromiso y a quienes no puede engañar. 

En fin, tres tardes que constituyeron un pequeño oasis en el ir y venir de unos días de intenso ajetreo. Tres tardes para recuperar reflexiones que andaban un tanto abandonada, para interrogarse sobre ideas defendidas o criticadas en otros tiempos, para seguir explorando esta apasionante labor de educar.

lunes, 16 de febrero de 2009

Valores, diversidad, equidad

Estas tres palabras son los ejes en torno a los cuales giran las ponencias magistrales, conferencias y talleres que componen la Semana ORT, que arrancó esta mañana. Con tantos proyectos en el colegio, me ha sido imposible asistir a todas las actividades programadas; sin embargo, he logrado abrirme espacio para al menos un puñado de charlas. Hacia mitad de la semana me propongo compartir aquí algunas de las ideas que se han puesto sobre la mesa en estas pláticas, con algunos apuntes personales de lo que los ponentes han ido ya detonando en mí. 

miércoles, 11 de febrero de 2009

Educación en la era digital

«As a society and as parents, educators, and individuals we are neither looking ahead to the implications of our digital present nor working together toward a digital future in which the privacy and safety of our kids is assured. In the meantime, we are failing to prepare our children for what their current lifestyle already means for them, for their friends, and for the way they relate to one another and to their society.»

John Palfrey & Urs Gasser, Born Digital. Understanding The First Generation Of Digital Natives
El título del libro es más que claro. Y el párrafo que transcribo me parece una contundente muestra del llamado que plantean los autores. 

En las últimas semanas he conversado con varios colegas sobre la necesidad que tenemos los educadores de ir más aprisa, de intentar ir en cierto modo un paso adelante de los más jóvenes atreviéndonos a explorar sus herramientas, utilizar los medios que a ellos les resultan tan naturales, dejando de lado la visión apocalíptica y catastrofista que ve en toda nueva tecnología una terrible amenaza para nuestra labor. Si queremos que los que nos siguen sean capaces algún día de transformar el mundo, no podemos aferrarnos al pasado y despreciar a priori los medios de expresión y comunicación que están utilizando.

martes, 27 de enero de 2009

Educar EN la vida

“La cuestión no radica tanto en prepararse para, cuanto en prepararse en la vida que uno ya está viviendo y de la que se está ocupando. Y la vida no es sólo trabajo profesional, ni oposiciones, ni métodos para realizar el curriculum vitae (aunque haya que pasar por ahí); de la misma manera necesitamos un tipo de educación que ayude a despertar las conciencias, que recupere el gusto por la belleza, que descubra el valor de la gratitud, que experimente la eficacia existencial de lo inútil. La educación ha de guardar el principio de equilibrio, de modo que el debate no se centre en la alternativa o ciencias o humanidades, sino que busquemos el encuentro, el diálogo y la complementariedad de las distintas disciplinas, saberes y procedimientos educativos.” 

Luis Aranguren Gonzalo
Reinventar la solidaridad. Voluntariado y Educación.

Esta tarde, mientras revisaba unas notas olvidadas, me topé con esta cita. El impulso por compartirla me condujo hasta aquí: a la resurrección de un espacio casi abandonado ante mis recientes crisis pedagógicas. Así que decidí regresar a este lugar... Pero el nombre era ya obsoleto... así que decidí no sólo recuperarlo sino también rebautizarlo con un nombre más acorde a mis ocurrencias y divagaciones presentes. Aquí comenzamos de nuevo.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Revolución, reforma, recreación

«Toda reforma de la enseñanza es hoy ineficaz si no está unida a una revolución total, económica, política y cultural: no se puede reformar la escuela sin recrear la civilización y no se puede reformar la civilización sin recrear la escuela.»

Jean Lacroix

sábado, 11 de octubre de 2008

Derecho a la Educación

"Qué complicado y costoso es desmontar el andamiaje de un régimen político autoritario con las características del mexicano." Con esta frase lapidaria comienza Ana Laura Magaloni uno de los textos más inteligentes que he leído en relación con el actual conflicto magisterial que se vive en México. La investigadora reconoce la "admirable firmeza" de la Secretaría de Educación Pública para no claudicar en sus esfuerzos por iniciar la urgente transformación en el sector. Sin embargo, admite también que el mayor problema que enfrenta Vázquez Mota, titular de la dependencia, es que "la Alianza [por la Calidad de la Educación] pende frágilmente de los hilos impredecibles que mueven a la política mexicana". Lo que me parece más rescatable del texto, es que da un paso adelante: no se queda en la mera denuncia que tantos intelectuales y periodistas -legítima y necesariamente- han hecho de las nefastas consecuencias de este problema; plantea la urgencia de reforzar la naturaleza de la educación como un derecho fundamental, y sugiere un camino para lograrlo. Reproduzco algunos fragmentos de su artículo publicado hoy en Reforma, aclarando que las negritas van por mi cuenta.)
[Que la Alianza penda de los hilos de la política] se debe, en parte, a que la educación en el mejor de los casos se ha concebido como un mero servicio público y, en el peor, como una forma de generar redes clientelares al servicio de intereses particulares. La dimensión constitucional, y en este sentido jurídica, de la educación pública es inexistente, a pesar de que el artículo 3 de la Constitución establece que la educación es un derecho fundamental de todos los niños y jóvenes del país.

La característica central de todo derecho fundamental es que, al estar normativamente a nivel constitucional, impone límites y condicionamientos jurídicos a todos los poderes públicos. Tratándose del derecho a la educación, ello significa que existe un ámbito de las políticas y decisiones en materia educativa que no debe estar sujeto a negociación ni a la voluntad de los gobernantes. La Constitución establece un "núcleo duro" de políticas educativas que es removido de la arena política para pasar a ser protegido por el derecho y garantizado por los tribunales. Evidentemente dicho "núcleo duro" sólo se puede definir si llegan ante los jueces federales demandas en donde los alumnos de las escuelas públicas solicitan la protección de la justicia para que se haga efectivo su derecho constitucional a la educación.

Existe una amplia experiencia en el mundo en este tipo de litigios. En países tan diversos como Colombia, Estados Unidos, India, Alemania o Sudáfrica, por mencionar sólo algunos, alumnos de escuelas públicas, asesorados generalmente por asociaciones civiles dedicadas a la defensa de derechos ciudadanos, han llevado a los tribunales asuntos que plantean distintos aspectos del derecho a la educación. [...]

El impacto de estos litigios ha sido variado. Ninguno de ellos, evidentemente, ha aspirado a sustituir el efecto transformador que tienen las políticas públicas correctas, tanto legislativas como administrativas, sobre la calidad de la educación pública. Sin embargo, todos ellos, en mayor o menor medida, han incentivado la participación e involucramiento de la ciudadanía en la construcción de un mejor sistema de educación pública y, a la vez, han establecido límites jurídicos a lo discutible en la arena política.

Nada de ello ha ocurrido en México y no es culpa de los maestros ni del SNTE ni mucho menos de la SEP. La educación como derecho es un asunto que compete a los ciudadanos y depende, en último término, de los tribunales. La posibilidad de remover las potentes estructuras autoritarias y clientelares del sistema educativo pasa por que los ciudadanos dejemos de ser meros espectadores y pasemos activamente a defender lo que no puede ser negociable: la eficacia del derecho fundamental de los niños y jóvenes del país a una educación pública de calidad.

viernes, 3 de octubre de 2008

Más allá de "alianzas"

La llamada Alianza por la Calidad en la Educación de México ha resultado un fenómeno por donde se le vea. Tiene grandes virtudes. Tiene grandes carencias. La tragedia es que, más allá de lo que propone y de lo que se propone o puede proponerse, está resultando solamente un arma más para la lucha política. 

Las maestras y maestros de verdad saben que en las aulas hoy cuentan con un terreno invaluable para transformar a México. Para transformar el mundo. Para que sus alumnas y alumnos se transformen a sí mismos. Y eso es posible con reformas y sin reformas, con alianzas y sin alianzas, con buenos planes de estudio y malos planes de estudio. Se requiere iniciativa, pasión, voluntad.

Cierto. Hay muchas otras cosas que ayudan. Ayudan. Nada más. Sin voluntad, sin conciencia de la posibilidad transformadora de nuestra labor, ni leyes, ni alianzas, ni sindicatos, ni revoluciones harán que mejore la educación en nuestro país.

Hay tanto que hacer desde nuestras trincheras. Ojalá cada uno de nosotros lo creyera y lo asumiera como reto. 

lunes, 15 de septiembre de 2008

Nuevas formas

"La familia y la escuela ya no son instituciones de formación y educación sino entornos de aprendizaje. [...] Por tanto, entendemos nuestra posición como educadores o profesores en relación a un entorno de aprendizaje de estas características: la creación de un entorno de aprendizaje (potente) y la facilitación y apoyo de procesos de aprendizaje en él. Todo esto no remite simplemente a un nuevo uso de las palabras, sino que indica una nueva organización del tiempo y del espacio, una experiencia nueva del tiempo y del espacio."

Marteen Simons en "Sobre los niños". En: Mensajes e-ducativos desde tierra de nadie, compilación de Jan Maaschelein y Marteen Simons.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Finlandia

Andrés Oppenheimer publica hoy en su columna de Reforma un texto titulado "Finlandia, un ejemplo para Latinoamérica." En él, Oppenheimer se pregunta por la clave del éxito finlandés, por todos conocido. La respuesta se ha hecho, también, muy conocida. Con ánimo de insistir en un tema que considero esencial, reproduzco aquí la primera parte del texto.

Al igual que otros muchos periodistas extranjeros, hice mi peregrinación a Finlandia para averiguar cómo hizo este país para trepar a los primeros puestos de los más importantes rankings internacionales que evalúan el éxito social, económico y político de las naciones

La respuesta, me enteré, es sorprendentemente simple.

Empecemos por los datos concretos. Finlandia ocupa el primer puesto entre 179 países en el índice anual de Transparencia Internacional sobre las naciones menos corruptas del mundo (Estados Unidos ocupa el puesto número 20); también está en el primer puesto en el ranking de los países más democráticos del mundo de Freedom House (Estados Unidos esta en el puesto número 15); figura en el primer puesto en los exámenes internacionales de ciencia realizados por estudiantes de 15 años (Estados Unidos está en el número 29), y está entre las 10 economías más competitivas del mundo según el Foro Económico Mundial (Estados Unidos encabezó esa lista este año).

Un país pequeño, con sólo 5.3 millones de habitantes, que hace apenas dos décadas era el más pobre del norte europeo, Finlandia también puede jactarse de ser la sede de la empresa de celulares más grande del mundo -Nokia- y de tener las empresas papeleras y de pulpa más innovadoras del planeta.

El éxito finlandés ha provocado curiosidad en todo el mundo, especialmente en Latinoamérica, donde la mayoría de los países aún no han hecho la transición de ser exclusivamente exportadores de materias primas a convertirse en productores de productos de alta tecnología, que se venden por precios mucho más altos en los mercados mundiales.

¿Cómo lo hicieron?, le pregunté a la Presidenta de Finlandia, Tarja Halonen, en una extensa entrevista.

"Puedo resumirlo en tres palabras: educación, educación y educación", respondió.

En las últimas décadas, Finlandia invirtió más que casi todos los otros países en la creación de un sistema educativo gratuito. Eso le permitió al país pasar de ser una economía agraria, basada en la industria maderera, a tener una industria de tecnología de avanzada, agregó.

¿Y cuál es el secreto de su sistema educativo?, le pregunté.

Entre otras cosas, el excelente nivel de capacitación de los maestros de escuela primaria, dijo ella.

"Tenemos una larga fila de expertos internacionales que están haciendo cola frente a las puertas de nuestro Ministerio de Educación para ver qué pueden aprender de nuestro sistema", dijo Halonen. "Lo que les cuesta creer es que la respuesta sea tan simple como tener buenos maestros".

Por lo que vi durante mi vista de cinco días a Finlandia, los maestros están relativamente bien pagos y gozan de gran respeto social en este país.

Es necesario tener al menos una maestría para enseñar en la escuela primaria, y una licenciatura para enseñar en el jardín de niños. Sólo uno de cada diez postulantes es admitido en la carrera universitaria de Educación.